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DISCURSO DE APERTURA DEL SECRETARIO
GENERAL DE LA CITES
Excelentísimo
Sr. Primer Ministro, Excelencias, Sres. y Sras.:
Deseo expresar mi sincera gratitud al pueblo y al Gobierno de Tailandia
por acoger esta 13a Reunión de la Conferencia de las Partes
en la CITES. La organización de un acontecimiento de esta
magnitud requiere la inversión de importantes recursos financieros
y humanos. Hacerla es una señal clara de la importancia que
Tailandia atribuye a la conservación de la fauna y flora
silvestres en todo el mundo y, en particular, a la conservación
y utilización sostenible de sus propios animales y plantas
silvestres. Confío sinceramente en que buena parte de esas
inversiones retornen a Tailandia y a toda el Asia Sudoriental en
forma de un aumento de la conciencia pública sobre las cuestiones
y necesidades de conservación de la fauna y flora silvestres.
El hecho de que asistan a esta reunión numerosas organizaciones
no gubernamentales nacionales y regionales y muchos medios de comunicación
demuestra el deseo de la sociedad civil de esta región de
participar en los procesos de adopción de decisiones concernientes
a los problemas que afronta la naturaleza y a nuestro deber para
con las futuras generaciones. Junto con la comunidad internacional
de ONG, las ONG tailandesas y regionales podrán hacer importantes
aportaciones al debate sobre las muchas cuestiones que esta reunión
tiene ante sí. Podemos enorgullecernos todos de la singular
tradición de la CITES a ese respecto y de la apertura y transparencia
con la que adoptamos nuestras decisiones.
Esta reunión, Sras. y Sres., va a tener una importancia
crucial para el futuro de nuestra Convención, para lo que
la CITES podrá aportar en los años venideros, no sólo
a la conservación de la fauna y flora silvestres, sino también
a cuestiones de orden mundial más amplias como el desarrollo
sostenible y la reducción de la pobreza. Para que los animales
y las plantas silvestres tengan una posibilidad de supervivencia
es preciso involucrar a las personas que habitan en los Estados
del área de distribución donde se encuentran, involucrar
a las personas, principalmente en las zonas rurales de los países
en desarrollo, que comparten su entorno con la fauna y la flora
silvestres y que en muchos casos compiten con ellas para sobrevivir.
Esa participación sólo puede ser positiva si ofrece
beneficios claros, económicos o de otra naturaleza, que compensen
los sacrificios resultantes de los conflictos entre los seres humanos
y la fauna y flora silvestres.
Lo que esta Convención, que ya tiene 30 años, necesita
urgentemente es una mayor voluntad política de la mayoría
de sus 166 Partes, cuando no de todas ellas, para aceptar su responsabilidad
y cumplir sus obligaciones. La CITES necesita urgentemente acción
antes que palabras. Habrá, como es natural, muchas palabras,
porque durante esta reunión se hablará mucho, pero
tenemos que ser sinceros y serios sobre las responsabilidades y
las obligaciones. Tenemos que velar por la adopción de medidas
concretas en las esferas del fomento de la capacidad, la conciencia
pública, los mejores conocimientos científicos como
base para nuestras decisiones y, naturalmente, la aplicación
de la ley. La voluntad de asegurarse de que la CITES siga trabajando
y de que su trabajo sea cada vez más satisfactorio requiere
un nuevo impulso. El Dr. Toepfer acaba de hacer referencia al objetivo,
establecido a nivel mundial, de reducir de manera significativa
la tasa de pérdida de diversidad biológica para el
año 2010. Dentro de seis años una de las preguntas
que se formularán será lo que la CITES ha hecho para
alcanzar ese objetivo. Mucho antes de eso tendremos que responder
a la pregunta sobre lo que hemos hecho para alcanzar las muchas
metas de nuestra Visión Estratégica de la CITES, adoptada
en 2000 con un plazo que expira en 2005.
Señoras y señores, la CITES tiene un gran potencial
y posibilidades no suficientemente exploradas para contribuir a
la consecución de esas metas y objetivos. Sin embargo, esto
requiere un compromiso, el de ustedes y el de sus gobiernos, un
compromiso que tiene que traducirse en inversiones, financieras
y de otra naturaleza, a nivel nacional e internacional, directamente
o en forma coordinada y acordada a nivel mundial por medio del presupuesto
de la CITES. El presupuesto de la CITES, en particular, es manifiestamente
insuficiente y no nos permite satisfacer las expectativas de la
sociedad civil y las necesidades de los países en desarrollo
en materia de conservación de la fauna y la flora silvestres.
Señoras y señores, me he referido al potencial de
la CITES y a las expectativas, así como al abismo financiero
entre ambas cosas, pero también hay otras cuestiones importantes
que deberán ustedes abordar, como si debemos dar un paso
adelante por lo que respecta a la participación de la CITES
en la conservación de especies económicamente importantes.
En mi opinión, debemos hacerlo, pero sólo allí
donde la CITES puede representar una diferencia, o -si existen acuerdos
que regulan esa especie- sólo allí donde la CITES,
con sus herramientas e instrumentos muy específicos, ha añadido
valor. Estoy persuadido de que el potencial de este valor añadido
está muy subestimado y necesita más atención
y comprensión.
Tienen ante ustedes 60 propuestas de inclusión de nuevas
especies en los Apéndices y de transferencia de especies
de un Apéndice a otro. Ésta es una de las principales
tareas de la Conferencia de las Partes, y también la más
difícil. Esas inclusiones plantean malentendidos generalizados.
Algunos creen o quieren que la gente crea que una inclusión
en el Apéndice II significa el fin del comercio. Otros quieren
que la gente crea que una inclusión en el Apéndice
I salva a una especie de la extinción. Ambas creencias son
falsas. Una inclusión en el Apéndice II es una garantía
para la sostenibilidad del comercio, y por tanto es positiva para
el futuro de ese comercio. Una inclusión en el Apéndice
I sólo contribuye a la conservación de una especie,
pero, como es natural, para salvarla de la extinción es preciso
adoptar muchas otras medidas.
En varias publicaciones, así como en mis declaraciones inaugurales
en anteriores reuniones de esta Conferencia, he abordado el problema
que se plantea porque la CITES se ha hecho demasiado complicada.
La Secretaría seguirá identificando procedimientos
y normas y reglamentos que se inventaron durante los 30 años
de historia de la Convención, pero que pueden derogarse o
simplificarse. He presentado la idea y me permito hacer una vez
más hincapié en que la CITES tiene que retornar a
lo más básico. Hemos de centrarnos en instrumentos
y mecanismos esenciales para regular el comercio de fauna y flora
silvestres y desembarazarnos de trámites innecesarios. Al
hacerlo conseguiremos que las normas se entiendan y se acepten mejor,
y con ello que las Partes las apliquen mejor y tengan mayores posibilidades
de hacerlas respetar sobre el terreno y en las fronteras. La simplificación
permitirá también hacer economías. Para lograrla,
todos tenemos que analizar con espíritu crítico las
decisiones que se nos pide que adoptemos, y en particular evaluar
sus ventajas para la conservación.
Señoras y señores, una Conferencia de la CITES es
una reunión muy especial de muchos centenares de personas
con muy variados antecedentes, culturas, intereses y convicciones.
Los debates pueden ser arduos, las decisiones difíciles de
adoptar, los resultados no siempre del gusto de todos; habrá
tensiones, pero el hecho de encontrarnos en Tailandia debería
alentarnos a todos a debatir las muchas cuestiones que tenemos ante
nosotros en forma serena, amigable y respetuosa. Pongámonos
de acuerdo, y aunque a veces disentiremos, hagámoslo siempre
con una sonrisa.
Sr. Primer Ministro, Excelencias, Sras. y Sres., les deseo que afronten
con gran sabiduría las deliberaciones. La infraestructura
y la atmósfera que Tailandia nos ha obsequiado garantizan
un gran éxito de la reunión.
Muchas gracias por su amable atención.
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