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DISCURSO DE BIENVENIDA PRONUNCIADO
EL 3 DE JUNIO DE 2007 CON
OCASIÓN DE LA CEREMONIA INAUGURAL DE LA CONFERENCIA DE
LA CITES
POR EL PRIMER TENIENTE DE ALCALDE DE LA HAYA,
SR. RABIN S. BALDEWSINGH
Excelencias,
Señoras y Señores,
Permítanme ofrecerles una cálida bienvenida a
La Haya. Me siento extremadamente complacido porque en esta ocasión
hayan elegido La Haya para celebrar su conferencia.
Como supongo que muchos de ustedes visitan La Haya por primera
vez, quisiera decirles algo acerca del pasado y el presente de
nuestra ciudad.
A diferencia de otras ciudades holandesas, La Haya no puede
presumir de sus orígenes romanos. Sin embargo, fue aquí
donde, según la leyenda, el Conde Guillermo II de Holanda,
cabalgando por las dunas en el año 248, se encontró
con un agradable lago en la confluencia de dos arroyos. Decidió
construir un refugio de caza en ese lugar. Ese refugio se amplió
más tarde hasta convertirse en un castillo. El castillo
puede verse hoy convertido en la Sala de los Caballeros del Binnenhof,
donde se reúne el Parlamento de los Países Bajos.
El lago entre las dunas sigue ahí, con el nombre de lago
Hofvijver.
En la conmoción de los conflictos religiosos y políticos
de mediados de siglo XVI no solo se escribió una nueva
página en la historia de los Países Bajos, sino
también en las crónicas de La Haya. La ciudad se
convirtió en el centro político de la República
Holandesa y residencia de los Stadholders, los Príncipes
de Orange. La llegada de diplomáticos y enviados extranjeros
añadió un cierto encanto a lo que era una población
marinera bastante rural, de la misma forma en que los siempre
presentes funcionarios de la Corte dieron lugar a una clase de
ciudadanos corteses, aunque ligeramente reservados y formales.
Señoras y Señores,
La neutralidad ha sido la política de nuestra nación
a lo largo de la historia, una política dictada, sino por
otro motivo, por un bien entendido interés comercial. Así
pues, como consecuencia natural, La Haya raramente se ha visto
envuelta en la vida alborotada de la política internacional.
Esa neutralidad se convirtió en una ventaja decisiva para
los Países Bajos y La Haya cuando el Zar Nicolás
II eligió la ciudad como lugar donde celebrar la Primera
Conferencia de Paz en 1899.
Esa decisión tuvo consecuencias transcendentales. La
Conferencia de Paz puso a La Haya en el mapa mundial y fue el
inicio de su actual posición como ciudad internacional
de la paz y la justicia. Ocho años después se celebró,
también en La Haya, una conferencia de seguimiento convocada
por el Presiente de los Estados Unidos Theodore Roosevelt. Durante
esa conferencia se iniciaron los trabajos de construcción
del Palacio de la Paz.
El nuevo siglo no solo iba a ser testigo de dos guerras mundiales,
incontables hostilidades de otro tipo y violaciones en gran escala,
a veces monstruosas, de los derechos humanos. En parte como reacción
ante esos acontecimientos, el siglo XX también contempló
el desarrollo del derecho internacional. La Haya, hogar de un
número cada vez mayor de organizaciones judiciales internacionales,
se convirtió en la ciudad internacional de la paz, la justicia
y la seguridad. En 1946 se estableció allí la Corte
Internacional de Justicia, el más alto órgano judicial
del mundo.
En los últimos 10 ó 15 años, La Haya ha
avanzado rápidamente. Junto con el Gobierno de los Países
Bajos, y especialmente el Ministerio de Relaciones Exteriores,
la ciudad se ha convertido en anfitrión de varias nuevas,
y en parte pioneras, instituciones internacionales como la Organización
para la Prohibición de las Armas Químicas, el Tribunal
Penal Internacional para la ex Yugoslavia, la Europol o la Corte
Penal Internacional, por no mencionar más que algunas de
ellas.
Les resultará evidente que la presencia de tantas instituciones
jurídicas, en las que trabajan destacados abogados de todo
el mundo, ha convertido a La Haya en un verdadero emporio internacional
del conocimiento jurídico. Las autoridades locales son
plenamente conscientes de ello y están más que dispuestas,
evidentemente en cooperación con terceros, a ampliar y
fortalecer esa red de conocimientos.
Señoras y señores,
La presencia de todas esas organizaciones internacionales reviste,
por supuesto, gran importancia para la economía de La Haya,
para la ciudad y para las personas que viven y trabajan en ella.
En un estudio reciente se afirmaba que más de 15.000 residentes
de La Haya tienen empleo gracias a las organizaciones internacionales
establecidas en la región. Casi 3.500 personas trabajan
en alguna de las organizaciones internacionales, mientras que
más de 12.000 lo hacen en las empresas que les prestan
servicios. Puedo asegurarles que esas estimaciones pecan, si acaso,
de conservadoras.
Pero una ciudad no es solo un lugar donde trabajar, sino también
un lugar donde vivir. Prestamos especial atención a cuestiones
como la hospitalidad, la accesibilidad de la ciudad, la oferta
de alojamiento, la educación internacional y todas las
demás cosas que hacen atractiva la vida en una ciudad,
como una rica vida cultural y unas amplias oportunidades para
el ocio y el deporte.
Déjenme comenzar con la más importante de todas,
la hospitalidad. Una ciudad internacional no la crean únicamente
las instituciones que acoge, sino también la gente que
trabaja en ellas. Esas personas también son residentes
de La Haya, aunque a veces sólo de forma temporal. Creo,
sin embargo, que es muy importante que ellos también se
sientan como en casa.
Como ciudad internacional, La Haya tiene que satisfacer la demanda
de educación en idiomas extranjeros. En la ciudad y sus
alrededores hay escuelas internacionales como la americana, la
británica, la francesa y la alemana, todas ellas con niveles
de enseñanza primaria y secundaria. Las autoridades locales
prestan gran atención a la educación internacional.
Después de todo, los padres consideran que una buena educación
para sus hijos, así como un alojamiento apropiado y una
buena atención sanitaria son elementos esenciales. También
lo son para nosotros.
Una ciudad internacional debe ofrecer a los expatriados algo
más que un buen servicio, facilidades de acceso, barrios
agradables y una buena educación internacional. Tiene que
ser un lugar acogedor para todos sus habitantes. Lo que atrae
a la gente a las ciudades es, entre otras cosas, la vida cultural.
Las ciudades han sido tradicionalmente grandes centros culturales,
y eso va también por La Haya.
Nuestra ciudad goza hoy de una rica vida cultural, con museos
como el Mauritshuis, famoso en todo el mundo por sus Vermeers,
Rembrandts y otros maestros holandeses, y el Gemeentemuseum, famoso
por su colección Mondrian.
No obstante, en La Haya la vida cultural no se limita únicamente
a la cultura europea. La ciudad se ha convertido en los últimos
decenios en una auténtica ciudad multicultural. Una ciudad
en la que pueden encontrarse templos de todas las principales
religiones del mundo. Una ciudad en la que la cultura indostaní,
por ejemplo, florece como en ningún otro lugar de Europa
occidental. La Haya está orgullosa de su diversidad religiosa
y cultural, cuyas raíces se nutren de una tradición
de tolerancia que data de siglos en Holanda.
Señoras y señores,
Espero haber sabido exponerles algunos de los aspectos más
destacados de La Haya, la ciudad que tiene el honor de acogerles
estos días. Tal vez tengan tiempo para descubrirla por
sí mismos. Puedo aconsejarles que den un paseo por el centro
o por la playa. También pueden visitar el mercado, el mayor
de Europa.
Ante todo, deseo de corazón que su reunión sea
fructífera y que tengan una agradable estancia entre nosotros.
Muchas gracias.
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