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Cria en granjas y cria en cautividad
DOCUMENTO DE TRABAJO PARA LA REUNIÓN DE DIÁLOGO ENTRE LOS ESTADOS
DEL ÁREA DE DISTRIBUCIÓN DE LA TORTUGA CAREY DEL CARIBEINTRODUCCIÓN
Desde hace más de 30 años se viene proponiendo la "cría" de tortugas marinas como una actividad potencialmente útil, pero éste sigue siendo un tema polémico y litigioso. Los partidarios de esa actividad preconizan la cría como un método para proteger a las tortugas, mientras que los que se oponen a la propuesta afirman que esa actividad contribuye a la disminución de las poblaciones de tortugas marinas. En el presente documento se consideran las consecuencias generales de la cría de la tortuga marina desde una perspectiva de conservación con miras a proporcionar un telón de fondo para analizar la contribución que podrían aportar la cría en granjas y la explotación en cautividad a la conservación de la tortuga carey en la región del Gran Caribe. El examen se limita a las tortugas marinas criadas principalmente con fines comerciales, se consideran las limitaciones que impone la fisiología de la tortuga marina y se trata de determinar si esas actividades podrían o no redundar en beneficio de la conservación. Los aspectos técnicos de la explotación de la tortuga en cautividad se exponen únicamente en términos generales. Wood y Wood (1980) y Jacobson (1996) presentan una introducción a este material.
Existen dos formas de "criar" las tortugas marinas: 1) mantener adultos cautivos que se reproducen en cautividad y cuya progenie se cría para su utilización ("Cría en cautividad", con frecuencia denominada "cría") y 2) capturar las tortugas a partir de poblaciones al estado silvestre (en forma de huevos o crías recién eclosionadas) que luego se crían en cautividad para su utilización ("Cría en granjas"). Estas definiciones se han extraido de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), que regula el comercio internacional de especies criadas en cautividad y en granjas de diferentes maneras. En este documento la expresión "cría" se utiliza indistintamente para describir cualquier instalación en la que se mantienen tortugas cautivas procedentes del medio silvestre o de cría en cautividad, y en ocasiones de ambas procedencias, para su producción comercial.
LIMITACIONES DE LA CRÍA
Tres factores afectan la practicabilidad y la viabilidad económica de la cría en granjas y en cautividad de la tortuga marina: su hábitat marino, sus tasas de crecimiento lento (medidas a lo largo de decenios en la mayor parte de las poblaciones silvestres), y nuestra relativa ignorancia de sus enfermedades y parásitos. Las tortugas marinas deben mantenerse en el agua del mar y exigen emplazamientos próximos al mar y la instalación de costosos sistemas para suministrar agua salada. Los intentos por mantener comercialmente tortugas marinas en recintos cercados naturales o artificiales en el mar (por ejemplo, ensenadas y estuarios cercados) han fracasado sistemáticamente. El elevado costo de los cercos, las averías en los mismos y la huída de los animales, así como las dificultades que plantea la evacuación de aguas residuales contaminadas, han hecho que varias veces se abandonaran los predios cercados abiertos para cambiarlos por estanques cerrados. En los recitos cercados abiertos también resulta más difícil el suministro de alimentos y el control de la temperatura. Sin embargo, recientemente se han hecho progresos en cuanto a la cría de peces salmónidos en recintos oceánicos abiertos, lo que podría ofrecer una nueva perspectiva al respecto.
Las tortugas marinas tienen una fisiología poiquilotérmica de reptil (sangre fría) y las especies que presentan mayor interés comercial (la tortuga verde, Chelonia mydas y la tortuga carey, Eretmochelys imbricata) tienen una dieta natural con un contenido muy bajo en nutrientes y proteínas. A causa de ello, las tasas naturales de crecimiento y el crecimiento a base de dietas naturales son tan lentos que resultan poco económicos. En el caso de la tortuga verde la dieta natural consiste en algas y zosteras (angioespermas marinas). Las tortugas carey comen naturalmente invertebrados marinos y sésiles, principalmente esponjas que contienen densas espículas de fibrina y sílice y a menudo tienen compuestos secundarios desagradables o tóxicos que podrían exigir una costosa detoxificación fisiológica. Las dietas de alimentación natural son poco prácticas. Sin embargo, ambas especies comen naturalmente una gran variedad de invertebrados marinos en las primeras etapas de la vida juvenil (por ejemplo, crustáceos y celenterados) y se las puede inducir a comer alimentos con un alto nivel de proteínas cuando se crían en cautividad. Ambas especies pueden mantenerse a dieta de peces y calamares. Se han criado con éxito tortugas verdes alimentándolas a base de "comida de tortuga" fabricada con raciones ideales de fibras, grasas, proteínas y nutrientes. Al parecer tampoco hay ninguna razón por la cual las tortugas no podrían alimentarse con otros subproductos animales adecuadamente procesados, por ejemplo, desechos del procesamiento de peces o camarones o de granjas avícolas. Habida cuenta de la capacidad de las tortugas para procesar dietas con un alto contenido en fibras, merece la pena investigar la utilización de productos residuales agrícolas tales como cañas de maíz o bagazo de caña de azúcar. Sin embargo, por el momento esos adelantos se encuentran en una fase totalmente especulativa. Es necesario prestar minuciosa atención a los aspectos físicos de la alimentación tales como el suministro, el almacenamiento, la apetecibilidad, la presentación, el desperdicio de los alimentos en el agua, la formación de incrustaciones en los cercados, etc.
Como consecuencia de la escasa calidad de los alimentos y las bajas temperaturas, las tasas naturales de crecimiento son lentas, y ello hace incrementar el costo de la cría de animales hasta que éstos alcanzan un tamaño económicamente comerciable. Esto se podría compensar mejorando la calidad de la dieta y el contenido de proteínas y proporcionando agua más cálida, pero para ello también es necesario aumentar los gastos. Para la cría de otros animales de sangre fría el mantenimiento de la temperatura a un nivel óptimo para el máximo crecimiento (por ejemplo, en el caso de los cocodrilos) se ha transformado en una rutina, pero este aspecto no ha evolucionado satisfactoriamente en lo que respecta a las actividades de cría de tortugas. Los estudios efectuados recientemente sobre las tasas naturales de crecimiento indican que un aumento de la temperatura del agua en unos pocos grados podría dar lugar a un aumento apreciable de la tasa de crecimiento (Webb y otros, comunicación personal). El hábitat acuático de la tortuga marina exige que eso se proporcione en forma de agua recalentada, lo que podría ser una propuesta costosa a menos que se recurriese a la calefacción con energía solar o aguas residuales calientes (por ejemplo, de los generadores de energía eléctrica) pero estas posibilidades aún no se han llevado a la práctica.
Las tortugas marinas también están expuestas a una amplia variedad de patógenos y parásitos. En condiciones naturales y a las densidades características de las poblaciones silvestres, esas amenazas han tenido efectos imperceptibles, pero en las condiciones de hacinamiento y con frecuencia poco higiénicas de la captividad, las enfermedades epizoóticas causan una mortalidad catastrófica (por ejemplo, Jacobson, 1996). El mantenimiento de la higiene del agua y una atención veterinaria competente son indispensables para el éxito de las actividades de cría. Esto a su vez genera gastos adicionales en personal y equipos para el tratamiento del agua (bombas). En las zonas habitadas por el ser humano o en los países que aplican reglamentaciones ambientales estrictas, la evacuación de aguas residuales contaminadas con excrementos y nutrientes puede plantear un problema.
Estos factores crean limitaciones para la cría de las tortugas marinas, similares a los de otras actividades intensivas de acuicultura, que exigen respuestas técnicas y gran densidad de capital. La experiencia indica que los esquemas comunitarios con bajo nivel de capital e insumos tienen pocas probabilidades de éxito. La competencia técnica especializada, la supervisión e intervención veterinaria, el control de la calidad del agua, las dietas cuidadosamente equilibradas con alta proporción de proteínas y el control de la temperatura del agua son factores que aumentan la producción y propician el éxito económico, pero entrañan un elevado costo de producción como resultado de lo cual los productos se deben vender a un precio muy alto. Aunque es relativamente fácil obtener planteles de origen silvestre, esto puede crear unas bajas expectativas poco realistas en relación con la cuantía de capital, tiempo y competencia técnica que exige la cría. Actualmente no existe ninguna granja de cría de tortugas marinas con resultados económicamente satisfactorios y solo un establecimiento de cría en cautividad (Granja de tortugas de la Isla Caimán, Isla Gran Caimán).
Con fines exclusivamente de conservación, el suministro de financiación para criar un animal sólo se justifica en el caso de las especies que se encuentran en peligro inminente de extinción y respecto de las cuales los mecanismos de conservación in situ han resultado ineficaces. Sólo una tortuga marina se aproxima a esa situación, a saber, la tortuga bastarda (Lepidochelys kempii). Es interesante observar que un programa de cría en cautividad y liberación (programas precursores o "head-starting") de esta especie iniciado por el Gobierno de Estados Unidos fue interrumpido después de 15 años de actividades y tras haber invertido muchos millones de dólares, debido a la incertidumbre acerca de los posibles resultados y otras inquietudes (Byles, 1993; Williams, 1993; Eckert y otros, 1994). En el curso de los últimos años también se han interrumpido programas precursores a largo plazo, con inclusión de los que se centraban en la tortuga verde (Florida, USA; Huff, 1989) y la tortuga carey (República de Palau, Sato y Madriasau, 1991.) a causa de insuficientes pruebas de éxito.
RASGOS CARACTERÍSTICOS DE LA TORTUGA CAREY
Según se indicó anteriormente, la tortuga carey tiene una dieta poco habitual de invertebrados marinos. Aún no están claros los efectos de esa dieta en su fisiología digestiva y la manera en la cual ello podría afectar a su cría en cautividad. Los investigadores, responsables de acuarios y algunos criadores de tortugas han tratado de criar pequeños números de tortugas carey. De su experiencia general se desprende que esta especie es difícil de criar en cautividad. Las crías recién eclosionadas son relativamente agresivas y si se las mantiene juntas se atacan causándose lesiones que se pueden infectar y provocar la muerte. La tortuga bastarda (L. kempi) tiene un comportamiento similar, por lo cual en el marco del programa del Gobierno de Estados Unidos se decidió mantener a cada una de las crías en un contenedor individual. Una ventaja de la tortuga carey podría consistir en que sus productos (principalmente bekko o caparazones de tortuga) tienen un valor muy elevado. Si esta especie se pudiese crear hasta un tamaño capaz de producir un bekko comercializable (propuesta que aún no ha sido demostrada) su alto rendimiento podría justificar elevados gastos en instalaciones y atención para que esas actividades resulten económicamente viables. Al parecer es probable que, de igual modo que ocurre con programas similares de cría en cautividad de cocodrilos (otra especie con un elevado valor unitario), para obtener éxito económico es necesario optimizar tanto la tasa de crecimiento como la supervivencia en cautividad, con miras a garantizar que los ingresos superen los elevados gastos fijos. La reglamentación internacional (CITES) y nacional supone una considerable carga reglamentaria. Asimismo, hay que reconocer la oposición política y emocional que suscita el comercio de esta especie, lo cual constituye un obstáculo importante para el desarrollo de su utilización y comercio con fines lucrativos.
HISTORIA DE LAS ACTIVIDADES DE CRÍA
Se han hecho tres intentos por establecer instalaciones para la cría de tortugas verdes con fines comerciales: la cría en cautividad y la cría en granjas en la Isla Gran Caimán (Reino Unido) en el Caribe, la cría en granjas de especímenes recién eclosionados capturados en la naturaleza en la Isla Reunión (Francia) en el Océano Índico y en las Islas del Estrecho Torres (Australia). También se planificaron o establecieron instalaciones en Suriname, (Reichart, 1982) e Indonesia y actualmente se está haciendo lo propio en Cuba.
Granjas de tortugas de la Isla Caimán: la cría de tortugas en Caimán (Cayman Turtle Farm - CTF) comenzó sus actividades en 1968 con el nombre de Mariculture Ltd. utilizando huevos de tortuga verde procedentes de Suriname, Isla Ascensión y Costa Rica. En un principio se trató de criar las tortugas en un entorno seminatural, pero muy pronto éstos se convirtieron en sistemas de tanques cerrados situados en la Isla Gran Caimán. Se obtuvieron planteles reproductores adultos de México, Suriname, Costa Rica, Guyana, Nicaragua e Isla Ascensión y esos planteles comenzaron a poner huevos en cautividad en 1973. La mayor parte de la producción en cautividad procedía de huevos silvestres recolectados al amparo de licencias en Isla Ascensión, Suriname y Costa Rica (lo que constituía "cría en granjas" en el sentido actual). Se efectuaron estudios intensivos sobre la biología de reproducción de la tortuga marina y se criaron con éxito tortugas marinas en 1975, aunque en 1978 se interrumpió la importación de huevos silvestres y las actividades se centraron totalmente en la producción a partir de individuos capturados en el medio silvestre y criados en cautividad. Esto dio lugar a enérgicas polémicas para determinar si la CTF había criado especímenes en cautividad de una manera que cumplía legítimamente con las definiciones de la CITES en vigor y se manifestaron inquietudes acerca del efecto que tendría la reactivación del tranquilo comercio internacional de productos de tortuga marina.
Como resultado de la oposición internacional presentada por la comunidad científica, la CTF no recibió la aprobación de CITES para proceder al comercio a escala internacional. En 1979, la CITES adoptó una definición de cría en cautividad que exigía la producción de progenie de segunda generación, criterio que la CTF tuvo dificultades para cumplir. Sin la aprobación de la CITES, la granja no podía vender sus productos en ningún lado salvo en el Reino Unido (puesto que al ser una dependencia del Reino Unido ese tipo de comercio era considerado comercio nacional). La Ley de Especies Amenazadas de Estados Unidos de 1973 prohibió la importación o el transbordo a través de Estados Unidos, limitando así en gran medida la comercialización y las ventas de la CTF. El establecimiento cambió varias veces de propietario y atravesó graves dificultades económicas. La incorporación de un componente de turismo y diversificación de productos con inclusión de caparazones, aceite y ventas locales de carne de tortuga en la Isla Gran Caimán no logró generar suficientes ingresos. En 1975 la CTF se declaró en quiebra y fue adquirida de sus segundos propietarios por el Gobierno de las Islas Caimán en 1983. Desde entonces, la CTF ha proseguido sus actividades a una escala reducida, en gran medida como una instalación para turistas y una fuente de empleo, así como para suministrar carne de tortuga al mercado local. En el establecimiento también se liberan tortugas verdes inmaduras en las aguas aledañas a la Isla Gran Caimán (Wood y Wood, 1993). Diecinueve años después de su creación, el establecimiento obtuvo sus primeras ganancias de explotación en 1998; también se ha criado con éxito un pequeño número de tortugas carey.
Granja Corail, Isla Reunión: La cría de tortugas marinas comenzó a título experimental en 1972 bajo la dirección del Instituto de Pesca de la Isla Reunión, un Departamento francés de ultramar situado al sudoeste del Océano Índico (Lebrun, 1975). El establecimiento contaba con poblaciones de tortuga verde capturadas anualmente en las playas de nidificación de las Islas Tromelin y Europa, ubicadas a 600 km y 2.000 km, respectivamente, por lo cual funcionaba como una "granja". Aproximadamente desde 1980 viene produciendo carne y caparazones para la venta a turistas y con destino al mercado nacional francés. Los diversos intentos por obtener los privilegios de comercialización internacional en el marco de la CITES no tuvieron éxito y las actividades del establecimiento siguieron orientándose hacia el mercado local y nacional, con actividades de un alcance reducido. Las actividades han tropezado continuamente con problemas de crecimiento lento y enfermedades, problemas que se atribuyen a la dieta artificial granulada y a las bajas temperaturas estacionales del agua en la región. En 1996-1997, la Granja CORAIL (Compagnie Reunionnaise d’Aquaculture et d’Industries Littorales) negoció una transición hacia la acuicultura piscícola, la investigación y la educación. Desde entonces no se ha introducido ningún nuevo plantel de tortugas y se propone liberar a los especimenes cautivos. Se han computado periódicamente los registros de tortugas en las dos islas de nidificación de Tromelin y Europa, para fundamentar el postulado de que la recolección anual de crías no pone en peligro a la colonia nidificadora. Los datos indican fluctuaciones normales, pero no acusan descensos de ninguna población a lo largo del periodo de explotación de crías (Le Gall y otros, 1986). En el establecimiento se mantienen en condiciones satisfactorias algunos especimenes adultos de tortuga carey capturados en el medio silvestre.
Estrecho Torres: Como resultado de estudios iniciales efectuados por la Universidad Nacional de Australia, el 1970 el gobierno de ese país creó una organización con el cometido de prestar asistencia a las comunidades aborígenes para crear una red de establecimientos de cría de tortugas marinas a escala rural en las Islas del Estrecho Torres, Australia. Se trasladaron a unas 150 aldeas situadas en las Islas del Estrecho Torres huevos de tortuga verde recolectados en los grandes conglomerados de nidificación de Cayo Bramble y la Isla Rayne. En una primera fase las actividades tropezaron con dificultades debido a las bajas tasas de eclosión y las elevadas tasas de mortalidad. En 1972 se sometió el proyecto a una evaluación crítica (Carr y Main, 1973) y las actividades se reorganizaron para concentrarse en la cría de tortugas en nueve islas, con un apoyo técnico más intensivo, cada una de las cuales tenía una capacidad para 100-500 tortugas pequeñas. Durante el período 1974-1978, en el marco del proyecto se realizaron actividades de investigación sobre cría y enfermedades, así como estudios generales sobre la biología de la tortuga marina en la región, pero no se lograron superar los problemas básicos que suponían el escaso suministro alimentario para tortugas jóvenes y las enfermedades y parásitos. En 1980 se puso término a las actividades del proyecto, después de que el gobierno hubiere destinado al mismo 6 millones de dólares australianos. Los diversos intentos por mantener crías de tortuga carey en el marco de este programa fracasaron.
BENEFICIOS Y DESVENTAJAS
Se ha afirmado que la cría de tortugas presenta una diversidad de ventajas y desventajas desde el punto de vista de la conservación. Todas esas afirmaciones carecen de información objetiva o cuantificable que permita evaluarlas, lo cual ha conducido a un debate muy polarizado y emocional de esos factores, con muy pocas conclusiones decisivas. Ehrenfeld (1974) y Hendrickson (1974) exponen dos opiniones divergentes.
Producción de una fuente alimentaria para las poblaciones costeras tropicales: la perspectiva de utilizar tortugas marinas para producir proteínas de alta calidad a partir de sistemas marinos tropicales poco productivos y suministrar alimentos a los residentes de países tropicales contó en un principio con el apoyo de Carr (1967), quien más tarde se criticó a sí mismo enérgicamente (Carr, 1984). El elevado costo que entraña la cría de tortugas hasta un tamaño comestible hace que el precio de la carne de tortuga criada en cautividad sea superior al de la tortuga capturada en el medio silvestre. Para recuperar esos costos, los productos de tortuga criada en cautividad deben venderse en los mercados de ultramar o a los turistas (Ehrenfeld, 1982; Dodd, 1982). Se ha aducido que el sabor de las tortugas cautivas alimentadas con dietas artificiales es inferior al del producto silvestre, por lo cual los habitantes de zonas costeras, acostumbrados a una carne de mejor calidad, difícilmente pueden aceptar la otra. Por lo tanto, la tortuga criada en cautividad no ha demostrado ser una fuente de proteínas de bajo costo, tal como se había previsto originalmente.
Sustitutos de productos silvestres: se ha afirmado que la elaboración de productos de tortuga en grandes cantidades a partir de animales criados en cautividad reduce la demanda de productos procedentes de tortugas capturadas en el medio silvestre en los mercados locales e internacionales, ampliando así la protección de las poblaciones de tortugas en la naturaleza. En el caso especial de la tortuga carey, se ha propuesto suministrar caparazones de tortuga (bekko) criadas en cautividad para atender la demanda de un único mercado bien reglamentado en Japón, como una solución para combatir la captura ilegal generalizada de la especie en el medio silvestre. El elevado precio de los productos derivados de animales criados en cautividad podría bastar para excluirlos de la mayor parte de los mercados locales. Los críticos de la explotación en cautividad y de la utilización lucrativa y el comercio internacional de tortugas aducen en general que cualquier aumento de la disponibilidad de productos en el mercado internacional estimulará la demanda, demanda que los establecimientos de cría actuales no estarán en condiciones de atender, y de ese modo se intensificarán las presiones sobre las poblaciones silvestres y el comercio a través de conductos ilegales. Las pruebas objetivas de esta hipótesis son contradictorias, y algunos principios de la teoría económica indicarían que esa estimulación es ilusoria. Evidentemente, es necesario imponer reglamentaciones nacionales eficaces y un control estricto del comercio para impedir el comercio ilegal, con miras a evitar o reducir al mínimo esos efectos. Un examen del comercio de otros especimenes silvestres y productos derivados tales como loros, marfil y pieles de cocodrilo, pone de relieve que el comercio legal podría sustituir en gran medida al comercio ilegal, aunque siga habiendo cierto grado de captura ilegal en la naturaleza. El argumento de que el comercio legal conduciría a una intensificación de la demanda por encima del nivel que podrían atender los establecimientos de cría merece ser objeto de ensayos objetivos.
Captura de animales en la naturaleza para poblar establecimientos de cría: tanto para la cría en cautividad como para la cría, los planteles se deben obtener de la naturaleza. Para la cría en cautividad se necesita un número relativamente reducido de adultos reproductores de ambos sexos. A causa del altísimo valor reproductivo de esos adultos para la población, según se ha determinado mediante estudios de modelado (por ejemplo, Crouse y otros, 1987), el efecto ecológico de esas capturas podría ser apreciable, aunque se carece de datos al respecto. Para los establecimientos de cría se necesita un suministro continuo de huevos procedentes de las playas de nidificación. En algunos esquemas de recolección de huevos se han utilizado modelos falsos de la biología de la tortuga marina para justificar unos niveles irrazonablemente altos de recolección (véase Heppell y otros, 1995). La recolección continua de la mayoría de los huevos conduce eventualmente al agotamiento de la población. Sin embargo, teniendo en cuenta la estrategia vital histórica de la tortuga marina y el nivel muy elevado de mortalidad natural en las etapas de juventud, podría aducirse justificadamente que la recolección de una pequeña proporción de huevos es probable que tenga escasos efectos en la repoblación de adultos. Si esa recolección de huevos va acompañada de una protección eficaz de las hembras nidificadoras y los huevos que permanecen en la playa de nidificación, es muy probable que no se causen efectos perjudiciales. Se necesitan mayores conocimientos sobre la supervivencia de los especimenes jóvenes y de las limitaciones de la repoblación de adultos dependiendo de la densidad para poder evaluar este factor y estimar la proporción de huevos que se podrían recolectar sin causar perjuicios.
Animales para liberación/repoblación: una proporción de las tortugas criadas en establecimientos de cría se pueden liberar a la naturaleza. A causa de la supuesta elevada mortalidad de la tortuga marina de las clases de menor tamaño, en gran parte a causa de la depredación, se ha esgrimido que se podría aumentar la liberación a poblaciones reproductoras silvestres poniendo en libertad a las tortugas de mayor tamaño, que están menos expuestas a la depredación, en el marco de programas denominados precursores ("head-starting"). Los autores de la propuesta mencionan algunos casos documentados de larga supervivencia de tortugas liberadas, cuyo crecimiento y movimientos indican que se han adaptado con éxito al medio natural (Wood y Wood, 1993). Aunque unas pocas tortugas bastardas "precursoras" se han sumado a una población reproductora en Isla Padre, Texas (Shaver, 1996; Shaver y Caillouet, 1998), los críticos aducen que los programas precursores ponen en peligro los complejos movimientos migratorios de las tortugas marinas en los años previos al estado adulto, y se ha observado un comportamiento anormal en algunos animales que han sido objeto de esos programas (Dodd, 1982). El comportamiento y los movimientos aberrantes de algunas tortugas liberadas recientemente han sido documentados con profusión. La posible introducción de enfermedades y parásitos por las especies cautivas liberadas en las poblaciones silvestres también es un motivo de gran inquietud (Jacobson, 1996), al igual que la liberación en poblaciones silvestres de tortugas procedentes de diferentes estirpes genéticas (Dodd, 1982). Eckert y otros (1994) formularon criterios para evaluar el éxito de los programas precursores. La teoría y las prácticas actuales en lo que atañe a la reintroducción de planteles cautivos para reestablecer las poblaciones silvestres (Directrices sobre reintroducción de la IUCN, 1995) exigen intensas actividades de supervisión antes y después de proceder a la liberación, para controlar la integridad genética, la salud, la idoneidad del hábitat y la supervivencia y reproducción posteriores a la liberación.
Investigaciones: los establecimientos de cría ofrecen una oportunidad excepcional para estudiar algunos aspectos de la biología de la tortuga marina. El mantenimiento de tortugas en cautividad permite realizar actividades de manipulación y experimentación que no son posibles en la naturaleza. La CTF contribuyó en gran medida a la comprensión de la fisiología de la tortuga marina, al apoyar las investigaciones de científicos visitantes y poner a disposición sus instalaciones y sus animales para la realización de estudios (Owens, 1995). En 1980 se decidió mantener y reproducir en el establecimiento a la tortuga bastarda, especie muy amenazada, y en 1984 esta especie se criaba y reproducía satisfactoriamente. En la CTF se resolvieron numerosos problemas de cría relacionados con la nutrición, las enfermedades y la fisiología reproductora. A menudo las investigaciones realizadas en establecimientos de explotación están orientadas hacia aspectos de mantenimiento y cría que sólo tienen una aplicación indirecta en la esfera de la conservación y en las poblaciones silvestres. Sin embargo, la mayor parte de los comentadores admite que las actividades de investigación, en particular las realizadas en la CTF, han sido muy beneficiosas para nuestra comprensión general de la biología de la tortuga marina.
LA CRÍA EN GRANJAS EN COMPARACIÓN CON LA CRÍA EN CAUTIVIDAD
La cría en granjas y la cría en cautividad en ciclo cerrado ("cría" en el sentido CITES) son distintas en algunos importantes aspectos relacionados con su costo y su valor para la conservación. La cría en cautividad exige el mantenimiento de poblaciones adultas en cautividad, lo que entraña gastos, y la manipulación del comportamiento reproductor natural. En la granjas de tortugas de Caimán esto se logró mediante una manipulación hormonal invasiva y técnicamente compleja. Debido al gran número de huevos puestos y la multiparidad de la tortuga marina, la cría en cautividad es relativamente productiva y la producción de huevos en cautividad se puede predecir y someter al control directo de los criadores. Algunas tortugas verdes cautivas han sido inducidas para poner con un ciclo anual. Las desventajas que esto entraña para el criador son los elevados costos, el riesgo de fallos reproductivos y otros requisitos técnicos adicionales. La desventaja para la conservación consiste en que, después de adquirir un plantel reproductor, una operación satisfactoria de cría en cautividad en ciclo cerrado tiene poca dependencia con respecto a la población silvestre y reviste escaso interés para la misma. No existen incentivos económicos directos para la conservación de la población silvestre o su hábitat. Últimamente se han manifestado inquietudes acerca de la cría en cautividad ex situ fuera de los Estados del área de distribución, calificando esta actividad como un robo del valor de biodiversidad y una violación de los derechos soberanos.
En cambio, para los establecimientos de cría en granjas la población se obtiene cada año de la naturaleza en forma de huevos o crías, y por ende éstos tienen un interés absoluto y directo en el mantenimiento de las poblaciones silvestres. Los costos de supervisión de la población pueden considerarse un costo directo de explotación y una condición para el acceso al recurso silvestre. La desventaja es que el suministro de poblaciones puede ser variable, tanto en lo que respecta a la cantidad como a la calidad, y está sujeto a los caprichos de la naturaleza y de la burocracia reglamentaria. A menudo los criadores tratan de transformar la producción en una producción cautiva más controlable y en numerosas actividades comerciales satisfactorias relacionadas con la vida silvestre se combinan ambos tipos. Así pues, la cría en granjas y la cría en cautividad no son mutualmente exclusivas y se podrían combinar de alguna manera eficaz para optimizar los beneficios económicos, así como los inherentes a la conservación y la reglamentación.
Tanto para la cría en cautividad como para la cría en granjas se necesita un marco de reglamentación eficaz con miras a garantizar que la instalación no sirva como un conducto para productos silvestres obtenidos ilegalmente. Esta tarea se ve facilitada en gran medida por una infraestructura gubernamental eficaz y gracias a la cooperación del sector comercial. Asimismo, es necesario que una proporción de los ingresos generados por todo tipo de utilización comercial de recursos silvestres, con inclusión de las tortugas marinas, se devuelva para sufragar los costos de ordenación y conservación de las poblaciones naturales. En el caso de la cría en granjas, esto se logra fácilmente mediante la imposición de derechos de acceso y pagos por unidad (por ejemplo, por huevo) recolectada en la naturaleza. Esto permite contabilizar de una manera transparente el verdadero costo, con inclusión de los costos ocultos para la conservación. En el caso de la cría en cautividad esto se debe tratar de lograr indirectamente, por ejemplo mediante la imposición de derechos de licencia e impuestos sobre la utilización de los recursos naturales.
DIRECTRICES DE LA CITES
Entre 1992 y 1994 un Grupo Especial del Comité de Fauna de la CITES se reunió con el fin de redactar directrices para la evaluación de las propuestas presentadas a la CITES sobre cría en granjas de tortugas marinas conforme a la Resolución Conf. 3.15 de la Convención, como resultado de lo cual se introdujo una nueva perspectiva. Con la intención de dejar atrás los argumentos poco productivos del pasado, el Grupo Especial procedió sobre la base de dos grandes postulados: 1) los beneficios para la conservación que se estipulan en la Resolución Conf. 3.15 (y que también son necesarios para atenuar el gran escepticismo de la comunidad dedicada a la conservación) deben exponerse de una manera explícita en cualquier propuesta sobre cría en granjas, y 2) todos los problemas relacionados con los efectos que tendría una intensificación del comercio internacional de productos de tortuga se deben abordar a través de un control muy estricto del comercio internacional.
Volviendo a los aspectos fundamentales de la biología de la tortuga marina, el Grupo Especial reconoció que, a causa de sus hábitos migratorios, las tortugas marinas rara vez o nunca caen dentro de la jurisdicción o son "propiedad" exclusiva de una sola nación y, por lo tanto, representan un caso especial para la CITES, que justifica la adopción de medidas extraordinarias. En respuesta a los resultados más recientes de los estudios sobre la composición genética de las poblaciones de tortuga marina y a la necesidad hace tiempo reconocida de cooperación internacional para la conservación de la tortuga marina, el Grupo Especial propuso que se definieran unidades de población genética y que se identificaran todos los países en los cuales pasen cierto tiempo de su vida miembros de una población. Así pues, se propuso que la comunicación, la cooperación y la adopción de un enfoque regional para la conservación de las poblaciones se considerara como un componente necesario de cualquier propuesta sobre cría en granjas de esa población.
Habida cuenta de la necesidad de un control del comercio eficaz, el Grupo Especial propuso que se adoptaran medidas para impedir que fueran objeto de comercio los productos de tortuga marina procedentes de cualquier fuente salvo de las granjas legales y aprobadas, y volvió a instar a la cooperación internacional y bilateral entre naciones productoras y consumidoras en la consecución de ese objetivo. Se propuso asimismo que se concertaran acuerdos restrictivos de comercio cerrado limitados a un solo productor y a un solo mercado. Este enfoque está en pugna con las pautas actuales de libre comercio, pero podría resultar viable sobre la base de modelos similares adoptados para otros productos naturales muy valiosos como el marfil. Se encomendó asimismo que se marcaran los productos para hacer una distinción inequívoca entre los productos elaborados legalmente y cualquier otro producto. En las propuestas presentadas a la Conferencia de las Partes en la CITES por Cuba y Japón se describían mecanismos viables para responder a la demanda de un control riguroso del comercio.
Estos dos nuevos enfoques de la cría en granjas permitieron establecer una hipótesis prospectiva, en el marco de la cual un proyecto de cría en granjas de tortugas marinas sería el vehículo para la ejecución de programas de conservación coordinados a escala regional. Es igualmente viable aplicar directrices similares en relación con todas las modalidades de utilización comercial de la tortuga marina. La falta de fondos para potenciar las actividades de investigación, conservación y fiscalización es el principal obstáculo para la conservación de todas las tortugas marinas. Al vincular el desarrollo de la cría en granjas y establecimientos de explotación comercial de la tortuga marina con las necesarias actividades de conservación, se podría propiciar el suministro de una fuente de financiación, así como del incentivo y del apoyo político necesarios para cumplir con las directrices de la CITES.
En 1994 las Partes en la CITES y otros llegaron a un consenso en relación con las directrices sobre cría en granjas de la tortuga marina, en el curso de la novena reunión de la Conferencia de las Partes, y adoptaron la Resolución Conf. 9.20 (Directrices para evaluar las propuestas sobre la cría en granjas de la tortuga marina presentadas de conformidad con la Resolución Conf. 3.15). La necesidad de cooperación regional y de conocimientos científicos y biológicos constituye un obstáculo difícil para cumplir con esas nuevas directrices. Las directrices no han sido utilizadas. Queda por ver si las nuevas directrices son viables y, de hecho, si es posible aplicarlas tal como fueron concebidas, es decir como un factor muy positivo para la conservación de la tortuga marina.
CONCLUSIÓN
No se puede demostrar que la cría de tortugas marinas, ya sea la cría en cautividad o la cría en granjas, sean directamente beneficiosas o fatalmente perjudiciales para la conservación de las poblaciones silvestres. Lo que sí puede demostrarse es que esas actividades son muy costosas, exigen conocimientos técnicos avanzados y, hasta la fecha, no han dado muestras de viabilidad económica. La creación de un vínculo entre los establecimientos de cría y las actividades directas de conservación y el control estricto del comercio, a través de la cooperación internacional, ofrece la posibilidad de que dichos establecimientos puedan contribuir a la conservación de la tortuga marina, pero ese potencial aún no ha sido aprovechado.
Referencias
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James Perran Ross
Florida Museum of Natural History
Department of Natural History
University of Florida
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